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Protégete contra el estrés y la ansiedad introduciendo la meditación en tu vida

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El trabajo excesivo, el cuidado de los seres queridos, la presión social, las aspiraciones estéticas, económicas, etc. son cuestiones que alimentan nuestras preocupaciones día tras día y no nos dejan enforcarnos en la plena felicidad. En los tiempos que corren, es difícil encontrar a una sola persona que no haya experimentado nunca estrés o ansiedad. Éstas, son reacciones son naturales de los seres humanos y, en realidad, pueden llegar a actuar positivamente en algunas ocasiones, ya que ayudan a protegernos en momentos de peligro, nos impulsan a aprender, a crecer y a tomar decisiones. No obstante, otras veces –la mayoría de veces– se tornan muy perjudiciales para la salud mental y física, sobre todo cuando no sabemos cómo gestionarlas adecuadamente. Son respuestas fisiológicas o psicológicas que pueden derivar en trastornos mentales graves, dificultar el rendimiento, o causar complicaciones en las relaciones interpersonales y en la calidad del sueño. Además, están vinculadas a pensamientos negativos u obsesivos que conducen a comportamientos adictivos e incluso a pensamientos suicidas.

Por todos estos motivos, deberíamos de estar muy alerta, y cuidarnos, con el objetivo de llevar una vida sana con la que nos sintamos bien. Pero… ¿Cómo podemos lograrlo? Hay ciertos aspectos básicos y preventivos como, por ejemplo: dormir las horas de sueño recomendadas, descansar lo necesario, socializar lo suficiente, establecer límites con los demás, alimentarse correctamente, o tener una vida laboral plena. Todas ellas son imprescindibles en cierta medida, y pueden ayudar a no sufrir demasiado los efectos negativos del estrés o la ansiedad. Sin embargo, también existen otras técnicas específicamente recomendadas para aprender a gestionar estas emociones día a día. En este texto, queremos hablarte concretamente de los beneficios de practicar la meditación.

La meditación es una actividad muy antigua, vinculada a ciertas prácticas espirituales de las religiones budistas o hinduistas. En la sociedad moderna, está bastante normalizada en general, ahora, casi siempre exenta de connotaciones religiosas. Aunque prácticamente todo el mundo ha oído hablar del  término alguna vez, no es tan frecuente saber en qué consiste de verdad. Según el Diccionario del National Cancer Institute de los Estados Unidos, la meditación es una práctica de la mente y el cuerpo por la que una persona enfoca su atención en algo –como un objeto, una palabra, una frase o la propia respiración–, para reducir al mínimo pensamientos o sentimientos que distraigan o causen tensión. De esta manera, al ejercitarla, el cuerpo y la mente entran en un estado de relajación, mejorando así, todo el estado general de la salud. Está probado que practicar la meditación a diario reduce los niveles de estrés y ansiedad y, lo más importante: ayuda a gestionarlos. De hecho, después de realizar un estudio que calculó que el 15% de los adultos sufren desórdenes mentales, la propia Organización Mundial de la Salud aconsejó trabajar el yoga y la meditación para mejorar la salud mental y reducir estas cifras.

Conociendo todos estos datos… ¿Te gustaría introducir la meditación en tu vida? Aunque en la teoría parece algo fácil, meditar puede convertirse en un reto verdaderamente complicado, ya que requiere hábito, compromiso y paciencia. Todo el mundo puede lograrlo, pero, como es de imaginar, cada persona lo hará a su ritmo y, por supuesto, dependerá mucho de la situación individual. A quienes lleven un estilo de vida muy atareado y no tengan el tiempo suficiente, les resultará mucho más complicado que a aquellas personas que gocen de tiempo libre. En cualquier caso, en este texto queremos darte algunos consejos para intentarlo de la manera más óptima y satisfactoria.

Infórmate previamente sobre la práctica de la meditación y su historia

 

Como comentábamos hace un momento, la meditación tiene una historia larga y, en muchas sociedades, es una práctica relevante para la espiritualidad. Ser consciente de su importancia cultural y respetarla, puede ayudarte a tomártela en serio, así como a entender su origen. Por otro lado, te recomendamos que te informes bien sobre la práctica y estudies un poco antes de empezar, puesto que requiere de unos conocimientos previos. Cuanto más sepas, más claros tendrás sus objetivos. ¡Ve a una biblioteca e investiga sobre la materia!

Empieza poco a poco y establece objetivos claros

 

Como cualquier hábito que se intente, no puedes pretender ser un maestro de la meditación de un día para otro. Has de empezar poco a poco. Te recomendamos que inicies un proceso de sesiones diarias, pero no muy largas, por ejemplo, de cinco o diez minutos, y no te exijas demasiado.

Encuentra a gente con tus mismos intereses para meditar en grupo

 

Aunque meditar de manera individual es muy recomendado, meditar en grupo te ayudará a encontrar motivación, sobre todo durante el inicio de tu proceso. Por este motivo, te recomendamos que encuentres a personas con tus mismos intereses o busques un grupo en tu ciudad para hacer meditaciones colectivas. Además, ¡es una oportunidad estupenda para conocer gente!

Sírvete de una meditación guiada o acude a un curso online

 

Si no tienes tanto tiempo como para acudir físicamente a un lugar a meditar en grupo o a clases presenciales, o simplemente, prefieres hacerlo en solitario, te recomendamos que te ayudes de una meditación guiada o, mejor aún, contrates algún curso para que te enseñe a hacerlo correctamente. Desde Escuela de Crecimiento ofertan cursos de Mindfulness y meditación online que se pueden realizar desde cualquier lugar del mundo. ¡No tendrás escusas!

No seas demasiado autoexigente

 

No cabe duda de que lo ideal sería que practicases la meditación diariamente. Sin embargo, podría llegar a ser contraproducente que te exigieras demasiado y que, el simple hecho de no alcanzar tus objetivos, te acabase provocando estrés o ansiedad. Recuerda que tu objetivo principal era aprender a gestionar estas emociones. Trata de comprometerte con la meditación, pero, si por los motivos que sean, no lo logras a la primera o vas a un paso muy lento, no te desesperes ni seas demasiado autoexigente, ya que esto podría derivar en el efecto contrario, haciéndote sentir mal contigo mismo. Recuerda que lo más importante es intentarlo e ir avanzando poco a poco.

¡Ánimo y no te rindas!

 

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