Ya lo decía una mítica canción: “todo cambia” Y así es. La vida va demasiado deprisa, como un tren que te arrolla. Aunque es cierto que en España no es el mejor ejemplo. Sin embargo, a nivel empresarial, nada tienen que ver las empresas de los años 80 con las actuales. Y si me apuras las empresas del comienzo del 2000. Una conversación con tu padre, si lo era, o con un familiar, te servirá para entenderlo.
En mi caso, durante mucho tiempo pensé que tener el control de mi empresa significaba saber cuánto entraba y cuánto salía de la cuenta bancaria. Que era simplemente eso. Si a final de mes quedaba algo de dinero y podía pagar nóminas e impuestos, sentía que todo iba bien. Pues bien, me estaba engañando.
Hoy sé que esa forma de pensar fue uno de los mayores frenos para el crecimiento de mi negocio, un lastre. Y también sé que el punto de inflexión llegó el día que contraté un CFO externo, concretamente uno con la empresa Buddy.
Os cuento un poco de mi vida. Yo soy empresario, no financiero. Monté mi empresa desde cero, con mucha ilusión y mucho esfuerzo, supongo que como todos, ¿no? Al principio las ventas crecían, el equipo aumentaba y los proyectos se acumulaban, pero curiosamente yo cada vez dormía peor. En mi caso, es algo que siempre ha denotado que algo no iba bien.
No sabía exactamente por qué, pero sentía que algo no estaba bajo control. Tomaba decisiones importantes basándome en la intuición y en la urgencia del día a día. No tenía una visión clara de la rentabilidad real, del flujo de caja a medio plazo ni de si podía permitirme crecer al ritmo que llevaba. No sé si me explico, cómo que mi empresa iba bien, pero no sabía la razón, casi por inercia, y era consciente de que eso un día se podía acabar.
¿Qué es?
Fue entonces cuando alguien me habló de la figura del CFO externo o freelance. Al principio pensé que eso era solo para grandes empresas, algo caro y fuera de mi alcance. Pero investigando un poco más entendí que, precisamente para startups, pymes y negocios en expansión, es una de las mejores soluciones posibles.
Un CFO externo es, en esencia y para que lo puedas contar a alguien, un director financiero con experiencia que se integra en tu empresa sin necesidad de contratarlo a tiempo completo. Aporta análisis, estrategia y visión financiera, pero de una forma flexible y adaptada a tu realidad. Eso fue exactamente lo que encontré cuando conocí a Buddy.
Desde el primer momento me gustó su enfoque, ya que en esta empresa me lo explicaron de forma muy clara: contar con un CFO externo permite acceder a experiencia financiera de alto nivel sin asumir el coste de un CFO en plantilla ni aumentar la estructura fija de la empresa. Para mí, eso fue determinante. No estaba preparado para incorporar a alguien más en nómina, pero sí necesitaba ayuda urgente.
Dirección financiera estratégica
Una de las mayores ventajas fue la dirección financiera estratégica. Dejé de mirar solo el presente y empecé a tomar decisiones con una visión clara de futuro. Hicimos previsiones de tesorería, escenarios de crecimiento, análisis de costes y planes realistas. Ya no decidía si contratar a alguien “porque parecía buena idea”, sino porque los números demostraban que era sostenible.
Además, Buddy trabaja con una propuesta mensual, escalable y flexible, algo que encajó perfectamente con mi situación. No todos los meses necesitas lo mismo, y ellos lo entienden. Eliges el plan que mejor se adapta a las necesidades de tu empresa y lo ajustas a medida que el negocio evoluciona. Sentí que el CFO crecía conmigo, acompañándome en cada fase.
Otro punto clave fue la tranquilidad. Puede parecer algo intangible, pero no lo es. Dormir sabiendo que hay alguien vigilando la salud financiera de tu empresa, anticipando problemas y proponiendo soluciones, no tiene precio. Yo pude volver a centrarme en lo que realmente aporto como empresario: la visión, el producto y el equipo.
Hoy entiendo por qué un CFO externo es tan necesario. No se trata solo de controlar números, sino de convertirlos en una herramienta para tomar mejores decisiones. En un entorno tan cambiante como el actual, improvisar sale caro. Tener a tu lado a un profesional con experiencia marca la diferencia entre crecer con orden o hacerlo a ciegas.
Así pues, esta es mi gran recomendación, porque muchas veces tiene que venir alguien de fuera para abrirnos los ojos. Eso sí, ese alguien tiene que ser un profesional preparado.


